Cuando el compactador de rodillo pata de cabra entra en un solar en Elche, la primera pregunta del jefe de obra suele ser la misma: ¿cuál es la densidad máxima seca de este material? Para responderla sin margen de error, montamos el molde Proctor estándar de 4 o 6 pulgadas sobre una base firme.
En el laboratorio, la maza de 2,5 o 4,5 kg golpea rítmicamente cada capa, replicando la energía de compactación que se aplicará en campo. La arcilla expansiva de la Vega Baja o los limos arenosos de las pedanías ilicitanas responden distinto a la compactación; por eso el equipo se calibra metro a metro según los hallazgos del ensayo CPT que define el perfil estratigráfico antes del movimiento de tierras.
La compactación sin una referencia Proctor es un tiro al aire: en suelos con yesos de Elche, un 2% de desviación en la humedad óptima puede costar semanas de repaso de tongadas.
