La expansión de Elche hacia el noroeste, sobre los antiguos huertos de palmeras reconvertidos en suelo urbano, trajo consigo un reto silencioso. Los suelos de la cuenca del Vinalopó, con su mezcla de arcillas limosas y arenas de origen aluvial, no siempre responden como espera el proyectista. Aquí el control de compactación no es un trámite. Es la única forma de asegurar que una losa de cimentación o el terraplén de un vial no se asentará de forma diferencial a los dos años. La densidad de campo con cono de arena permite verificar in situ si la energía de compactación especificada en el ensayo Proctor se tradujo realmente en el grado de densificación requerido por el PGOU de Elche. Trabajamos sobre rellenos antrópicos que a veces esconden escombros de antiguas fábricas de calzado, donde el control visual no basta. Nuestro equipo técnico opera con procedimientos normalizados y equipos calibrados para dar certeza en cada capa de 20 cm que se compacta en los polígonos de Carrús o en las nuevas promociones de Altabix.
Una tongada mal compactada en Elche se traduce en fisuras a los tres años. La arcilla expansiva del Vinalopó no perdona.
