En una excavación reciente junto al casco antiguo de Elche vimos cómo las paredes de un solar de siete metros de profundidad empezaban a moverse apenas 48 horas después del corte. El terreno, compuesto por margas arcillosas parcialmente cementadas que alternan con lentejones de arena fina, reaccionó de forma rápida ante la descompresión. El equipo técnico instaló inclinómetros y células de asiento en menos de una mañana. Los datos del primer ciclo de lectura mostraron desplazamientos laterales de 4 milímetros que exigieron recalcular la secuencia de arriostramiento. En nuestra experiencia con el subsuelo ilicitano, donde el nivel freático puede aparecer a profundidades variables según la proximidad al río Vinalopó, este tipo de monitoreo continuo marca la diferencia entre un proyecto controlado y una emergencia costosa. Complementamos esta vigilancia con ensayos de permeabilidad in situ cuando el agua subterránea condiciona la estabilidad del fondo de excavación, y con estudios de estabilidad de taludes para definir los ángulos seguros de corte en las paredes.
En las margas de Elche un desplazamiento de 5 mm en 24 horas puede anticipar una inestabilidad mayor: la lectura continua salva estructuras y plazos de obra.
