Proyectar un pavimento rígido en la zona de Altabix no tiene nada que ver con hacerlo en el casco histórico de Elche. En Altabix, los suelos suelen presentar una matriz más margosa y compacta, mientras que en las inmediaciones del río Vinalopó encontramos depósitos aluviales con limos de baja plasticidad que complican la respuesta ante cargas cíclicas. Esta variabilidad geotécnica en apenas unos kilómetros obliga a afinar el diseño estructural de las losas para evitar fisuración por asientos diferenciales. La rigidez del hormigón es una ventaja, pero solo si se apoya sobre una subrasante bien caracterizada; por eso, en nuestro laboratorio en Elche partimos siempre de un estudio de suelos con calicatas que nos permita extraer muestras inalteradas y correlacionar el CBR real del terreno con la vida útil esperada del firme.
El módulo de rotura del hormigón y el módulo de reacción de la subrasante son los dos parámetros que gobiernan el espesor final de la losa: una desviación de 0,5 MPa en flexotracción puede forzar a recrecer el paquete varios centímetros.
