Uno de los errores que seguimos viendo en obra es asumir que una arcilla de Elche se va a comportar igual en verano que después de las lluvias de otoño. La plasticidad de los suelos finos del Baix Vinalopó cambia radicalmente con la humedad, y sin unos límites de Atterberg bien definidos, el cálculo de asentamientos o la estabilidad de un talud se convierte en una apuesta. No es exagerado: una variación del 5% en el contenido de agua puede significar el paso de un estado plástico a uno líquido en las margas del Triásico que afloran al noroeste del término municipal. Por eso, cuando nos llega un proyecto en zonas como Altabix o el entorno del río Vinalopó, lo primero que hacemos es correlacionar la granulometría con los estados de consistencia. Para cimentaciones superficiales, este dato es tan crítico como la capacidad portante, y a menudo lo complementamos con un ensayo CPT cuando el perfil estratigráfico presenta lentejones de limos arenosos que requieren verificación in situ sin alterar la muestra.
Conocer el límite líquido y plástico de un suelo en Elche es anticipar su comportamiento frente a los ciclos de humedad estacionales típicos del sureste peninsular.
