La retroexcavadora se posiciona sobre el bancal ilicitano y la cuchara inicia la excavación. En pocas horas se abre una ventana rectangular de hasta tres o cuatro metros de profundidad, dejando a la vista la secuencia real de estratos. A diferencia de un sondeo con barrena, la calicata exploratoria permite al geólogo bajar al interior, tocar las paredes, medir la dureza del terreno con el penetrómetro de bolsillo y extraer bloques que conservan la humedad natural. En zonas como Carrús o Altabix, donde las formaciones cuaternarias mezclan costras calizas con limos rojizos, esa observación directa resuelve ambigüedades que un perfil indirecto no alcanza a despejar. El equipo técnico aplica la clasificación visual-manual de la ASTM D2488 para nombrar cada capa antes de que el sol de mediodía reseque el perfil. Cuando la excavación alcanza arcillas plásticas que retienen agua, se mide el nivel freático y se programa un muestreo para granulometría que permita cuantificar el contenido de finos en laboratorio. En pedanías con riego tradicional como La Hoya, la calicata también revela cómo migra la humedad a través de los horizontes superficiales.
En los limos carbonatados del Camp d'Elx, la calicata revela costras y paleocanales que un sondeo puntual difícilmente detecta.
