El diseño de inyecciones en Elche empieza con la bomba de pistón y el mezclador coloidal sobre el terreno. Aquí, el subsuelo alterna limos arcillosos de la vega del Vinalopó con conglomerados cementados en las laderas que suben hacia el pantano. No es un perfil uniforme. Por eso, antes de definir presiones de inyección o volúmenes de lechada, nuestro equipo técnico correlaciona la estratigrafía local con ensayos previos. Un ensayo de permeabilidad in situ nos da el dato real de conductividad hidráulica, y con eso ajustamos la reología de la mezcla para que penetre donde debe, sin fracturar el terreno ni desperdiciar material. Trabajar en Elche exige conocer esa transición entre el cuaternario blando y el sustrato terciario que asoma en pedanías como La Hoya o Matola.
En Elche, el éxito de una inyección no se mide en litros inyectados sino en la mejora real de la capacidad portante del terreno.
