Elche es una ciudad de contrastes geológicos brutales. No es lo mismo cimentar en la huerta tradicional del Camp d'Elx, con sus limos y arcillas blandas junto al río, que hacerlo en la zona de Altabix, donde el terreno se eleva y empiezan a aparecer los primeros niveles de conglomerados y costras calizas. Esa diferencia de apenas dos kilómetros puede implicar un cambio radical en la velocidad de propagación de las ondas sísmicas y, por tanto, en la clasificación sísmica del emplazamiento. La tomografía sísmica de refracción y reflexión es la única técnica no invasiva que te permite mapear esos contrastes en profundidad y entender la geometría real del subsuelo antes de mover un metro cúbico de tierra. En Elche, donde las ramblas y paleocauces enterrados son más comunes de lo que parece, combinar este método con ensayos CPT te da una potencia de interpretación que las calicatas aisladas simplemente no pueden ofrecer.
Mapear el subsuelo en Elche sin tomografía es como leer un libro con las páginas pegadas: ves algo, pero te pierdes los capítulos clave.
